HASTA SIEMPRE, MAESTRO

HASTA SIEMPRE, MAESTRO

Se nos ha marchado el hombre, pero su MÚSICA y su LEGADO quedará ya siempre con nosotros, a él, a su familia y amigos, les envío un abrazo con estas palabras:»Querido maestro, que con tanto cariño nos llamabas tus discípulos, quiero dirigirme a ti, desde la distancia, con la enorme pena y el dolor que tu marcha tan repentina me ha producido.No encuentro ningún momento, en los que hemos compartido nuestra pasión: la música, en el que no haya aprendido algo de ti.Aunque tengo mil anécdotas contigo, con usted, como siempre me ha gustado llamarle, no quiero dejar pasar por alto el enorme respeto que siempre ha tenido por todos y cada uno de nosotros.Como bien sabe, la música no fue un arte incipiente en mi vida, ésta me descubrió a mi, y con ella he tenido, y tengo, la gran suerte de conocer a grandes personas, pero desde que usted y yo cruzamos nuestros caminos ya nada ha sido igual en mi vida.Todo lo innombrable cobraba vida, todo lo desconocido se volvía en un embriagador constante que hacía que quisiera mas y mas, sentí que la música tenía mucho mas sentido cuando le conocí que antes de presentarnos como un maestro y un discípulo.He de confesarle que desde entonces no solo soy mejor director, sino también mejor persona.Quiero darle las gracias por el cariño con el que siempre me ha tratado, por los incontables momentos compartidos, por las grandes noches vividas, por su música, por su paciencia, por su tremenda constancia que tanto me ha contagiado.Aunque hacía ya un par de años que no teníamos la ocasión de vernos personalmente, quiero agradecerle nuestro último e-mail, ese que me da un pinchazo en el corazón cada vez que lo leo, por la grandeza de sus palabras y por la enorme entereza con la que afrontó su enfermedad.Con usted se marcha un amigo sabio, un hombre que nunca se dio por vencido y que ha defendido, hasta su muerte, el amor por la Música Coral.Hoy, querido maestro, querido Ricardo, se ve vienen a la mente muchísimas imágenes, tantos y tantos recuerdos que apenas las lágrimas me dejan verlos con claridad, pero si me lo permite, quiero quedarme con dos:La primera no por ser mas íntima deja de tener aprecio para mi, y es que esa imagen suya, en clase, en su Aula Manuel de Falla, esperando sentado, con radio clásica sonando de fondo…. es una imagen que me transporta a otro tiempo, a unos años maravillosos que tuve el honor de vivirlos a su lado, de aprender que no todo está en la destreza, sino en el saber, que no todo está en la grandeza sino en la constancia, y sobre todo tuve la suerte de conocer al hombre…y sentir con él aquellos tiempos, aquellas mañanas…aquel archivo…¿Para cuándo un monográfico de su obra, Ricardo? Y siempre me decía con la humildad que le caracteriza: «…yo no soy compositor para que se haga un monográfico de mis obras…»La otra imagen es aquella que me recuerda a uno de los primeros conciertos que tuve el placer de disfrutar a su lado, estando en la Catedral de Sevilla, previo a la interpretación por parte del Coro Manuel de Falla de una de las Cantatas de Navidad de J.S. Bach, estando en la sala donde esperábamos, se acercó a mi, que junto a una compañera del coro charlábamos previos al concierto, nos cogió a ambos del brazo, y sin que nos abrazara físicamente, si lo hizo con el corazón, añadió aquellas palabras que ya para siempre quedarán en mi alma: «…qué orgulloso me siento de mis alumnos…» Y sonreía con emoción…Su marcha, querido maestro, me ha dejado indefenso, porque la cruel enfermedad que le ha sobrevenido le ha privado de poder seguir haciendo aquello que nos motiva cada día, y que con tanto conocimiento siempre nos enseñaste.Pero mas en la distancia, mi dolor y mi pena es no haber podido estar cerca para darle mi apoyo, ese que, a pesar de la crudeza de su enfermedad, todo maestro se merece de sus discípulos.Ricardo Rodríguez no se ha marchado, porque su música sigue aquí, porque su vida está en todos y cada uno de los que tuvimos en inmenso honor de trabajar a su lado, de aprender de él…Me despido de ti, maestro, con la certeza de que en mi trabajo diario trataré de inculcar a mis alumnos ese respeto y cariño con el que siempre me enseñaste. Y que, a pesar de sentirle muy cerca en el espíritu, la distancia de lo material y de lo efímero nunca borrarán el maravilloso legado que nos ha dejado.No se si nos veremos pronto o tarde, pero cada vez que alce mi voz para preparar al coro, usted estará conmigo. Cada vez que guíe a mis alumnos, con diapasón en mano, usted estará allí.Dicen que esta mañana, junto a la catedral de Granada, cuando sonaban los primeros avisos del reloj, se vio caminar a un hombre junto a su alumno de la mano…eran Juan Alfonso y Ricardo que se preparaban para el primer oficio de la Santa Misa….Un fuerte abrazo allá donde estés…»


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